jueves, 1 de diciembre de 2016

Después de ver pasar la urna de Castro, qué se nos avecina

Después de ver pasar la urna de Castro, qué se nos avecina
MARÍA MATIENZO PUERTO | La Habana | 1 de Diciembre de 2016 - 12:38 CET.

El pueblo "de luto" salió a despedir la urna de Fidel Castro, pero había
camiones de policías vigilándolo, haciendo el recorrido por una ruta
paralela.

Los cubanos que acudieron a la despedida son los mismos que reciben un
salario miserable y no pueden cenar en un restaurante o planificarse
unas vacaciones ni fuera ni dentro de Cuba; los que cuando se compran un
par de zapatos tienen que usarlos hasta que se les rompe en los pies;
los que aspiran a tener una familia en el extranjero que les mande
dinero; los que tienen que comprar en los mercados desabastecidos; los
que para comprar detergente tienen que contar los quilos; los que no
tienen necesidad de comunicarse por internet porque no la conocen; los
mismos que tienen que comprar la leche para sus hijos en la bolsa negra;
los mismos que se visten de contrabando; los mismos que tienen a la
familia dividida en cuantas orillas tenga el mundo disponibles. Los
mismos que, terminado el paso del cortejo, tuvieron que irse a sus
trabajos en lo que encontraron, porque el transporte público, una hora
después, no se había reactivado.

"Yo vi mucha gente trabajadora", dice Daniel. "También había niños y, en
los que menos confío, los jóvenes universitarios".

"Es que me cuesta mucho pensar que gente joven piense así de un tipo del
que ellos saben muy poco. Me cuesta trabajo pensar que después son los
mismos que están locos por irse del país", señala.

"Aunque no pude acercarme porque era demasiada la gente, al menos cumplí
con él y le presenté mis respetos", dice una señora que lo vio pasar por
el parque Fábrica, en Luyanó.

Adrian dice que siente un vacío enorme. "No me preocupa que lo que
suceda después sea bueno o malo, sino la magnitud que pueda tener para
superar las dimensiones de la muerte de Fidel", y no quiere que lo
malinterpreten, porque él está seguro de que no le debe nada a "ese señor".

"¿Cuántos de espera años han sido? ¿Cuánta la expectativa de lo que iba
a pasar cuando muriera Fidel? En muy poco tiempo creo que hemos tenido
dos decepciones muy grandes", comenta y enumera: "Primero, las
relaciones con los Estados Unidos, que han sido un fiasco total en el
que ni los americanos lo han dado todo, ni los cubanos han hecho
suficiente, y lo segundo, esto: tanta gente diciendo que brincaría en
una pata, que descorcharía champan, y al final a todos nos ganó no sé
bien qué".

Algunos asistieron al sepelio por accidente. Una trabajadora de La
Pradera comenta que ella y sus compañeras lograron salir de su trabajo
porque un carro las adelantó hasta Pabexpo, de allí fueron caminando
hasta L y 23, frente a Coppelia.

"Y a las 7:30 estábamos aquí, así que participamos y ya, pero estoy loca
por llegar a la casa".

Toda la ciudad involucrada en los funerales

Desde el día anterior, toda la ciudad quedó involucrada en los
funerales. Pasado el desfile frente a las fotografías que se expusieron
para que se le rindiera homenaje al difunto, la ciudad quedó paralizada.
No hubo transporte público y el Gobierno mandó a cerrar los negocios,
aunque finalmente cerraron los de La Habana Vieja, los de la avenida 23
y otros grandes como el complejo bar, panadería, restaurante Viky, que
imprimió un cartel convocando a sus clientes a asistir a la Plaza al
"acto de masas" con presidentes extranjeros.

Las calles 23, Paseo y Zapata estuvieron cerradas hasta las 12:00 de la
noche. La gente se aglomeraba en las esquinas intentando montarse en lo
que encontraba para llegar a sus casas. Y las guaguas vacías ocupaban
dos líneas en una misma senda desde la esquina de L a 12 y 23. Choferes
y el resto del personal de transporte esperaban tirados en las aceras,
dentro de los vehículos aparcados o en los establecimientos del Estado,
que aunque cerrados habían prestando sus sillas a quien pudiera
necesitarlas.

Uno de los choferes aseguró que a las 3:00 de la mañana habría otra
transportación masiva de personas para el cortejo.

Un botero dijo que en la calzada del Cerro "no se salía de un
embotellamiento para entrar en otro".

"Lo único transitable es Línea, el resto es una locura, parece que mucha
gente prefirió no salir a tener que enfrentarse a esto", y con "la
gente" se refería a los demás boteros.

La paranoia era general. "En Malecón tú no sabes en quién confiar", dijo
"Cogelotuyo", quien distribuye connectify en San Rafael. "Hasta los
maricones podían ser policías, tipos con tremenda pinta te podían
conducir, y hay que tener cuidado porque en estos días la llave de donde
te encierren se la tragan y quién sabe dónde la caguen".

Algunos negocios de La Habana profunda siguieron funcionando. Los que
distribuyen series y novelas o el Paquete Semanal no cerraron, pero "se
hizo muy difícil encontrar queso o cambiar dinero fuera de la Cadeca",
cuenta Yunaysi a quien "la noticia" la cogió "movida".

"Me cogió sin leche y sin queso para la merienda del niño y sin mucha
comida para la casa. Por poco más que luto, tengo que hacer huelga de
hambre", dice.

"Desconsolados, claro que tenemos que estar desconsolados, si no se
puede tomar alcohol ni hay nada en la televisión que valga la pena",
dice Clarita, de 37 años. "En la funeraria cubana nunca faltan el ron y
los chistes sobre las cosas que hizo el muerto, y esta gente quiere que
seamos más ceremoniosos que nunca".

Por eso no es difícil encontrar a los alcohólico habituales intoxicados
como si no hubiese habido prohibición alguna, o algún que otro sonido de
lata de cerveza en la oscuridad de un parque.

No obstante, muchos creen que hay que ser justos y recordar "cuánto se
le debe" a Fidel Castro.

"Los deportistas le deben, los negros le debemos", dice un hombre que
acudió a ver pasar el cortejo aunque nadie le dijera que tenía que ir.

Para otros ese tipo de comentario está incompleto. Una joven mulata cree
que "no le debe nada a Fidel", sino a su madre "que casi se muere de
hambre en los noventa".

"Además, el coeficiente de inteligencia y la voluntad son míos", agrega.

Pasado el féretro, las expectativas son muchas. Pedro Pablo, secretario
docente de una escuela primaria, cree que "ahora quizás podamos llegar
un día a montarnos en un crucero".

Pero una escritora que prefiere mantenerse en el anonimato piensa que lo
que "se nos avecina es peor". Cree además que "se acentuará la ola de
censura que ya se está viviendo en el teatro, y más con los rumores que
hay por ahí de un Tony Guerrero como futuro ministro de Cultura".

Source: Después de ver pasar la urna de Castro, qué se nos avecina |
Diario de Cuba - http://www.diariodecuba.com/cuba/1480592313_27108.html

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